
Una de las ponencias más destacadas dentro del CADE por la Educación, que se llevó a cabo el pasado 29 de abril en nuestra capital, fue la realizada por Juan Carlos Navarro del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
El tema central, “Impacto de la Educación en la generación de tecnología” se desarrolló primero dándonos un claro panorama de cómo nos encontramos, a nivel latinoamericano, frente a otros países en lo que respecta a innovación tecnológica.
El diagnóstico de Navarro arrojó los resultados que cualquiera de nosotros podría intuir a simple vista: baja inversión en Investigación y Desarrollo (I+D), poco involucramiento del sector privado en innovación y una presencia casi nula de investigadores en el sector productivo.
Todo ello, nos ha llevado a posicionarnos como una de las economías menos innovadoras con un índice casi inexistente de exportación de alta tecnología.
Es en este contexto que las universidades cobran importancia, ya que el Sistema Nacional de Innovación (SIN) actualmente articula al sector público, al privado y ahora, a la Academia (universidades).
De acuerdo a sus estudios y experiencia, Navarro comentó que existen tres puntos fuertes en los que tenemos que trabajar para alcanzar la frontera tecnológica que nos separa del resto de países: el capital humano, la investigación como adaptación (es decir no sólo descubrir sino tomar lo que viene de afuera y adaptarlo a nuestra realidad) y el personal técnico, el cual es el vínculo entre el mundo del conocimiento (académicos) y el de la producción.
Si logramos conocer estos tres puntos en los que debemos trabajar, solo queda saber cómo lo haremos, a través de qué podremos alcanzar la meta. Con respecto a ello se presenta un “kit para la innovación”:
· Elevar el nivel de alfabetización científica.
· Incluir en la educación básica a las ingenierías y las ciencias .
· Desarrollar centros de investigación (y conectando a estos investigadores con la red nacional de innovación, no dejándolos en el pedestal).
Uno de los principales retos que se nos presenta con relación a la educación, según Navarro, es la competencia por talento. Ésta se refiere a la forma de identificar el talento científico a edades muy tempranas. Si un adolescente a los 15 años comienza a interesarse por la investigación, y es colocado en el nicho empresarial correcto, es muy probable que se desarrolle y logre importantes resultados en esta área.
Pero, con los resultados del PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes, por sus siglas inglés) y la presencia nula de Latinoamérica en los rankings en investigación universitaria, ¿cómo asegurar la calidad educativa? Hay una fuerte tarea que se espera de las universidades en coordinación con los sectores público y privado.
Para finalizar, Navarro respondió puntualmente a la pregunta “¿cómo avanzamos?”, dándonos así algunas luces para el trabajo de las universidades en el contexto actual:
¿Cómo avanzamos?
· Mejorar el vínculo entre el sector privado y la universidad (acercarlos, que trabajen en conjunto).
· Institucionalizar manejo de propiedad intelectual en las universidades (el docente que investiga no es apoyado).
· Selectividad: ser la universidad top en un área de especialización, no intentar destacar en todo.
· Coordinación entre el sector público, el sector privado y la universidad.
Si logramos conocer estos tres puntos en los que debemos trabajar, solo queda saber cómo lo haremos, a través de qué podremos alcanzar la meta. Con respecto a ello se presenta un “kit para la innovación”:
· Elevar el nivel de alfabetización científica.
· Incluir en la educación básica a las ingenierías y las ciencias .
· Desarrollar centros de investigación (y conectando a estos investigadores con la red nacional de innovación, no dejándolos en el pedestal).
Uno de los principales retos que se nos presenta con relación a la educación, según Navarro, es la competencia por talento. Ésta se refiere a la forma de identificar el talento científico a edades muy tempranas. Si un adolescente a los 15 años comienza a interesarse por la investigación, y es colocado en el nicho empresarial correcto, es muy probable que se desarrolle y logre importantes resultados en esta área.
Pero, con los resultados del PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes, por sus siglas inglés) y la presencia nula de Latinoamérica en los rankings en investigación universitaria, ¿cómo asegurar la calidad educativa? Hay una fuerte tarea que se espera de las universidades en coordinación con los sectores público y privado.
Para finalizar, Navarro respondió puntualmente a la pregunta “¿cómo avanzamos?”, dándonos así algunas luces para el trabajo de las universidades en el contexto actual:
¿Cómo avanzamos?
· Mejorar el vínculo entre el sector privado y la universidad (acercarlos, que trabajen en conjunto).
· Institucionalizar manejo de propiedad intelectual en las universidades (el docente que investiga no es apoyado).
· Selectividad: ser la universidad top en un área de especialización, no intentar destacar en todo.
· Coordinación entre el sector público, el sector privado y la universidad.
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